¡¡¡Feliz Navidad!!!

 

¡¡¡Feliz Navidad!!!

A vosotros, que seguís anunciando hoy al mundo esta buena noticia

Los cristianos y todas las gentes de buena voluntad nos aprestamos a celebrar un año más, con el corazón rebosante de gozo, el acontecimiento central de nuestra Historia: El nacimiento en la carne del Salvador como presencia palpable de Dios entre nosotros.

 Desde esta perspectiva cristiana, la Navidad es mucho más de lo que ordinariamente aparece a nuestros ojos: Un episodio folklórico o costumbrista, la alocada comercialización de determinados productos, un belén más o menos artístico en el rincón del hogar o un árbol adornado con lucecitas de mil colores. Sí, es mucho más que todo eso. El nacimiento temporal de Cristo constituye un acontecimiento tan grande, tan sublime, que apenas encuentra uno palabras para expresarlo: Es la aparición de Dios en la Tierra, bajo la inocente y desvalida figura de un niño, como prueba irrefutable de que la Divinidad sigue amándonos y volcándose en nosotros. Decimos sigue, en presente, porque a menudo relegamos los acontecimientos salvíficos al pasado o los dejamos descansar muy tranquilos en los libros que los relatan, como si nada tuvieran que ver con nuestro quehacer de cada día. Y no es así.

La Navidad viene a ser como una fuerte llamada a cada uno para que entendamos que el Señor continúa en el mundo, naciendo en cada niño, viviendo en cada persona, sufriendo en cada enfermo y tendiendo su mano acogedora a cada ser humano que emprende el camino a la eternidad.

Por otra parte, no podemos olvidar en estas fechas que el Hijo de Dios quiso tomar carne en el seno de una familia, que es sagrada por la condición irrepetible de los miembros que la integran, pero que ha vivido inquietudes y problemas similares a los que a nosotros nos afectan. Por eso, apenas nuestros ojos atónitos de creyentes han contemplado el misterio del pesebre, constatamos que en él se nos ofrece el cuadro completo de una familia ideal como reclamo urgente de algo que hemos de imitar.

Esta página quiere ser una cordial tarjeta de felicitación. Desde aquí estrechamos la mano, de manera personal e individualizada, a cada uno de nuestros lectores y les decimos: Aunque se vean nubes negras en el horizonte, no hay nada que temer. Dios nos acompaña, y con Él saldremos adelante siempre que pongamos de nuestra parte ese granito de arena que cada cual es capaz de aportar.

Y, cómo no, daros las gracias a aquellos que a menudo nos transmitís palabras de aliento. Ojalá en 2025 sigáis abriendo vuestros hogares a Cristo entre nosotros. ¡Feliz Navidad!